Un minuto

granma periodismo y redes sociales

A principios de 2021, la población mundial se estimaba en 7 830 millones de personas y, de ellos, alrededor de 5 220 millones usaban un teléfono móvil. Como promedio, cada usuario emplea 7,5 redes sociales diferentes en el mes. Para que se aprecie la magnitud del mundo digital, comparto estadísticas de la empresa estadounidense Domo sobre qué ocurre en internet en un minuto: Los usuarios de Tiktok, red social de origen chino, ven 167 millones de videos; Facebook Live recibe 44 millones de visitas, 12 millones de usuarios envían un mensaje de texto, fotos o videos desde un dispositivo de Apple a otro similar, seis millones de personas compran en línea, los usuarios de YouTube transmiten 694 000 videos, Microsoft Teams conecta a 100 000 usuarios, en tanto en Instagram comparten 65 000 fotos, en Netflix transmiten 452 000 horas de video en streaming (un tipo de tecnología multimedia que envía contenidos de video y audio a su dispositivo conectado a internet), se gastan 283 000 dólares en los servicios de Amazon, y se realizan 5,7 millones de búsquedas a través de Google.

En 2016, los usuarios de Snapchat (una aplicación de mensajería para teléfonos inteligentes con soporte multimedia de imagen, video y filtros para fotos de realidad aumentada) compartían 527 000 fotos por minuto, y en 2021 se alcanzaron los dos millones. En 2017 en la red social Twitter se publicaban 452 000 tuits por minuto, mientras que actualmente alcanzan los 575 000. Y si en 2020 los usuarios de Netflix transmitieron 404 000 horas por minuto, las transmisiones habían crecido hasta las 452 000 horas en julio de 2021.

Para poner en contexto esas estadísticas en relación con Cuba, se puede afirmar que, en el caso de nuestro país, Facebook es la red social digital más utilizada, y según el sitio web de análisis Statcounter, en octubre de 2021 tuvo un 77 % de la participación de mercado, seguido por Pinterest (17 %), Twitter (3 %), YouTube (menos del 2 %) y Tumblr e Instagram (con el 1 % restante).

Ante este escenario debe quedar claro que la infraestructura de las comunicaciones se mantiene y se mantendrá bajo un estrés constante, situación que la pandemia de la COVID-19 vino a acrecentar, al establecer el teletrabajo y la educación a distancia como algo definitivo. Esa realidad exigirá de todas las organizaciones, y en particular del proveedor de servicios, la necesidad de prestar máxima atención a las inversiones y al buen uso de estos recursos.

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