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La región de las venas abiertas

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Los desafíos son muchos, sin embargo, existe una posibilidad real de que las fuerzas progresistas consigan levantar los escombros que el propio neoliberalismo está generando, y constituirse en una alternativa capaz de solidificar la democracia, el bien común y la soberanía de los pueblos de nuestra región

Desde hace décadas en América Latina y el Caribe se encuentran en disputa dos modelos políticos diferentes: de un lado el neoliberalismo, con la acumulación de las riquezas en pocas manos y el olvido de problemas sociales de larga data; y del otro: fuerzas progresistas que tienen en su centro de atención al pueblo. Este 2021 ha demostrado que la región necesita una alternativa contrahegémonica que consiga mejoras  en términos de redistribución económica y ampliación de derechos para las sociedades.

«La pandemia del coronavirus no ha hecho sino evidenciar, de manera aún más cruda, las carencias de un sistema económico, el neoliberal, que no es capaz de ofrecer respuestas a la ciudadanía en lo inmediato ni dibujar nuevos proyectos hacia adelante»», resume un artículo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica.

Desde hace varios años el manual del neoliberalismo está quedando obsoleto, y en 2021 las muestras fueron múltiples. Chile logró impulsar un esperanzador proceso Constituyente y, con la mayor cantidad de votos en la historia reciente del país, eligieron como presidente a Gabriel Boric, por contraponerse en su programa a la derecha.

Colombia ardió por el anuncio de un proyecto de reforma tributaria, que finalmente fue retirado, pero se mantuvo el Paro Nacional para exigir la no privatización y garantías en sectores como la salud, la vivienda y la educación.

Bajo la agenda del banquero Guillermo Lasso, Ecuador enfrenta una profundización del neoliberalismo, pues el Plan Nacional de Desarrollo planteado por el mandatario prevé dejar la planificación en manos del mercado y desterrar al Estado de los proyectos de desarrollo, pero los ecuatorianos se rebelaron contra esa política económica. También llamó la atención la constitución de Barbados como una República, que se libró de siglos de dominación colonial británica y esclavismo.  

En todos los casos la demanda es nítidamente democratizadora: menos desigualdad y más derechos.

Y esta es, justamente, la esencia de las propuestas que permitieron la victoria de Pedro Castillo en Perú, la llegada de Xiomara Castro a la presidencia de Honduras, las contundentes victorias de Daniel Ortega, en Nicaragua, y la del Partido Socialista Unido, en Venezuela, a pesar de las constantes campañas de descrédito. 

América Latina y la COVID-19

Durante el periodo de pandemia, los pueblos de la región clamaron por una cama de hospital, respiradores, garantías laborales o una vacuna que llegara en tiempo al hombro de millones de personas. Nada de eso lo pudo solventar el neoliberalismo.   

De ahí que los sentidos comunes en la región cabalgan en una dirección completamente opuesta a lo que defiende el libreto neoliberal. Según datos de la última encuesta de Celag, el 90 % de los argentinos está a favor de un Estado mucho más presente y activo; este valor es del 70 % en Chile, 60 % en México y 75 % en Bolivia.

En el lado derecho de la balanza, Jair Bolsonaro, con cientos de miles de muertes a sus espaldas por la mala gestión frente a la COVID-19; en Colombia, el uribismo es cada vez más cuestionado, y Mario Abdo, en Paraguay, enfrenta sucesivas demandas de juicio político.

Del lado izquierdo del asunto, se encuentra Cuba, que encabeza los porcientos de vacunación anti-COVID «€“y además con antígenos propios»€“ , se encuentran  Venezuela, Nicaragua, Bolivia, México y Argentina, que resultaron de los más estables en el control y respuesta ante la pandemia y son países que abogan por la unidad en la región, trabajando en el fortalecimiento de mecanismos de integración.

La unidad como base para el bien común

Ante los desafíos que enfrenta la región, la unidad es la única posibilidad para que la voz de América Latina y el Caribe se escuche en los distintos organismos internacionales. 

Uno de los espacios cumbres de intercambio fue la XX Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), celebrada este mes en La Habana. En ese encuentro, los participantes renovaron el compromiso con el fortalecimiento de ese  mecanismo de concertación política y ratificaron su principio de solidaridad.

Ejemplo del consenso fue la VI Cumbre de Jefas y Jefes de Estado de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), durante el mes de septiembre, con sede en México, en la cual se abogó por la unidad política, económica, social y cultural, así como  por continuar trabajando conjuntamente para hacer frente a la crisis multisectorial. 

Otro momento de intercambio fue la 42 Reunión Regular de Jefes de Gobierno de la Comunidad de Estados del Caribe (Caricom), espacio en el que se destacó que la solidaridad, el respeto y el cariño que existe entre las naciones de la región no debe tomarse a la ligera, sino que debe ser alimentada.

El año que reventaron las fronteras

Latinoamérica vivió en 2021 una crisis migratoria sin precedentes, tanto por el volumen de personas como por su diversidad. Aún se recuerda con tristeza el 9 de diciembre, cuando un camión con 160 migrantes hacinados en dos contenedores perdió el control y se estrelló contra un puente, a partir de lo cual murieron 55 personas y un centenar resultó herido.

Escenas de terror y desesperación viven cada día los latinoamericanos que por cualquier vía intentan alcanzar el tan idealizado y engañoso «sueño americano»». Años y años de economías deficientes, víctimas de la globalización, han hecho que se acumulen múltiples problemas sociales, y la migración es reflejo de eso.

Los desafíos son muchos, sin embargo, existe una posibilidad real «€“aunque nada fácil»€“ de que las fuerzas progresistas consigan levantar los escombros que el propio neoliberalismo está generando, y constituirse en una alternativa capaz de solidificar la democracia, el bien común y la soberanía de los pueblos de nuestra región.

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