Paneles solares, sombras donde debe dar el sol

La única fábrica de paneles solares que existe en Cuba aspira a estabilizar su producción y apoyar al país en la»  transformación de la matriz energética

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El costo de las materias primas se ha reducido en los últimos años y la potencia de los paneles ha aumentado, lo que hace más eficiente el proceso productivo.» Foto:» Ronald Suárez Rivas

En una pared de la Empresa de Componentes Electrónicos Ernesto Che Guevara cuelgan todos los tipos de paneles solares fabricados en la industria en los últimos 20 años.

La colección abarca desde los pequeños módulos de cinco watts, que hoy parecen una reliquia, hasta los de 380 que se hacen por estos días; y constituye una suerte de memoria histórica de la producción que se ha modernizado con el paso del tiempo.

Tanto es así que, aparte de ella, no hay mucho más que recuerde aquellos primeros años en que todo se hacía a mano, por decenas de obreros que soldaban, una a una, cada celda fotovoltaica, y quienes poco a poco han dado paso a las máquinas, en busca de eficiencia.

María del Carmen Santalla, una de las fundadoras, recuerda que al principio todo era prácticamente artesanal. Entonces, la producción anual de paneles de la unidad empresarial de base (UEB) Energía Fotovoltaica, enclavada dentro de Componentes Electrónicos, apenas alcanzaba un megawatt pico (mwp) de generación.

Pero los programas de electrificación rural emprendidos en el país y en otras naciones como Bolivia y Venezuela, en el marco de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (alba), le darían luz verde para su desarrollo.

Primero, la capacidad se incrementó a dos mwp. Luego, la introducción de una nueva línea, con un grado considerable de automatización, le permitió crecer a diez mwp en 2010.

A principios de ese año, directivos de la entidad, ubicada en la ciudad de Pinar del Río, le aseguraron a Granma que el 65 % de los paneles ensamblados históricamente había tenido como destino la exportación, y que la demanda seguía creciendo continuamente.

En julio de 2015, el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez destacó la importancia de la planta y de incrementar la utilización de la energía solar. «El sol no se acaba y está en todas partes. Hay pocas fuentes de energía con esas características. Por eso, esta es una industria con un gran horizonte»», señaló.

La UEB recién acababa de recibir una nueva inyección de equipos, que propiciaría el incremento de la producción.

Sin embargo, ni la voluntad del país de transformar su matriz de generación, ni la disminución de los costos de las materias primas, ni el esfuerzo de Componentes Electrónicos para actualizar su tecnología han impedido los largos periodos de interrupción.

UNA INDUSTRIA EN STAND BY

En 2020, por ejemplo, la industria no recibió materia prima. De modo que se limitó a laborar en el primer trimestre del año con un remanente de los insumos que quedaron de 2019. Después, no le quedó más remedio que parar. Tras una larga pausa de 15 meses, la producción volvió a activarse a media máquina en junio pasado, pero solo con un turno de trabajo, de al menos dos posibles. «Ahora mismo hay compañeros nuestros reubicados en otros centros, que no se han podido incorporar»», lamenta María del Carmen Santalla.

Aun cuando en los últimos dos años no ha habido un sector de la economía cubana ajeno a los efectos de la crisis generada por la covid-19, el colectivo de la planta pinareña asegura que sus problemas datan de mucho antes de la aparición del coronavirus.

De hecho, en 2019, cuando el sars-cov-2 aún no había comenzado a hacer estragos, la fabricación de paneles vino a arrancar en el mes de agosto, precisamente por falta de insumos.

«La historia de la fábrica siempre ha sido la misma respecto a las interrupciones»», advierte José Antonio Páez, especialista del departamento de Tecnología y Calidad.

Félix Andrés Pérez, director de la UEB Energía Fotovoltaica, coincide en que las paradas provocadas por la inestabilidad en el suministro de las materias primas han sido un tema delicado, por el éxodo de trabajadores que implica. «Hay pasos de la línea en los que alcanzar un grado adecuado de especialización necesita tiempo. No se trata solamente de preparar un operario para manejar un equipo, sino de que logre el nivel que responda a la capacidad productiva de la planta y a la calidad que se requiere»», dice.

«Aquí las personas han estado reubicadas en los hospitales, en la campaña antivectorial, en labores agrícolas»», cuenta María del Carmen Santalla. «Cada vez que comenzamos una producción, hay que preparar personal porque perdemos mucha gente»».

KILOWATTS EN SACO ROTO

Aunque en varias ocasiones ha llegado a trabajar a plena capacidad, en tres turnos diarios de ocho horas, para la planta pinareña esa ha sido la excepción y no la regla.

José Antonio Páez asegura que «la política del Estado es cambiar la matriz energética, para reducir la dependencia de los combustibles fósiles, pero no ha habido la solvencia económica requerida.

«Hace algún tiempo se manejó aquí un proyecto para llegar a 50 MW anuales, que en cinco años hubiera tenido un impacto similar al de un generador térmico de la central Guiteras. Se hicieron los estudios, pero al final todo quedó ahí»», rememora el especialista.

Ni siquiera la capacidad instalada en la industria se ha aprovechado de modo estable, a pesar de los resultados que arrojan los parques fotovoltaicos montados con los paneles ensamblados en ella.

Yanet Páez Hernández, directora territorial de la Empresa de Fuentes Renovables de Energía, señala que las tres instalaciones con tecnología cubana que existen en la provincia (hay otras cinco de tecnología china) generaron en lo que va de año 6 123 MW, para un ahorro de 1 592 toneladas de combustible, y dejar de emitir a la atmósfera 4 898,4 toneladas de dióxido de carbono.

Ante los problemas recurrentes, José Antonio Páez comenta que han tratado de sobrevivir a toda costa, que la industria se las ha arreglado para irse actualizando, a la par de las tendencias en el mundo y de los formatos de paneles más vendidos. «Es imposible estar siempre al nivel de los más modernos, pero intentamos insertarnos en los que más se fabrican, porque es al mismo tiempo la materia prima que más abunda y la menos costosa»».

Siguiendo ese principio, Félix Andrés  Pérez explica que la planta asumió en junio la producción de 5 000 módulos de 340 w, con los insumos de un donativo de la Unión Eléctrica, y está haciendo ahora los primeros 7 000 de un nuevo encargo, que debe llegar a las 27 000 unidades y dar garantía de trabajo hasta el primer trimestre de 2022.

Para el director de la UEB, el encuentro del Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez con científicos y expertos en el tema de las fuentes renovables de energía (FRE), durante la sesión más reciente del Consejo Nacional de Innovación, y la comparecencia del  ministro de Energía y Minas, Liván Arronte Cruz, en la última jornada de la Asamblea Nacional, en la que afirmó que el país cuenta con una estrategia a largo plazo para incrementar la generación con las FRE y depender menos de los combustibles fósiles, constituyen una señal de esperanza.

«Somos la única fábrica de paneles que existe en Cuba y tenemos más de 20 años de experiencia en su producción «€“dice»€“. Por tanto, podemos ayudar a concretar ese objetivo de transformar la matriz de generación eléctrica»».

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