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Los cubanos tenemos las almas listas para repeler cualquier agresión

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Legisladores anticubanos, corifeos y odiadores de Miami, apoyados por representantes de la ultraderecha trumpista en Estados Unidos, con la carga de resentimiento que los define, continúan solicitando al Gobierno de Joe Biden la intervención militar a Cuba

Legisladores anticubanos, corifeos y odiadores de Miami, apoyados por representantes de la ultraderecha trumpista en Estados Unidos, con la carga de resentimiento que los define, continúan solicitando al Gobierno de Joe Biden la intervención militar a Cuba.

Ante el fracaso del plan elaborado durante años de fabricar un escenario de caos e ingobernabilidad en la Isla, no han encontrado otra solución que promover el odio y vociferar las ansias de destruir el objeto de sus rencores.

Una ola de histeria belicista recorre los medios y, sobre todo, las redes sociales. Hemos visto imágenes propias de los círculos del infierno de Dante, adonde irían a parar algunos de los energúmenos que vociferan muerte.

Hemos visto a un presidente Joe Biden mal asesorado, errático, irresoluto, que ha optado por la peor variante con relación a la Mayor de las Antillas: continuar la estrategia de la anterior administración, aliarse a la derecha republicana y trumpista, una alianza que lo enfrenta a la mayoría de sus votantes, quienes ya se pronuncian públicamente por negarle el voto que, además, tampoco obtendrá de los seguidores de Donald Trump.

En lugar de escuchar, como era de esperar, a los legisladores demócratas, algunos de ellos cercanos a él, que defienden un cambio de política, que esperaban del presidente una actitud consecuente con las promesas preelectorales y los intereses del partido, ha preferido flirtear y reunirse con traidores de poca monta, a los que nadie en su sano juicio escucharía, ni querría cerca.

Biden ha decidido no oír a la comunidad internacional que se opone al bloqueo, y prestar atención a un grupo mediocre de anexionistas y fascistas que nada le aportará, más allá del descrédito y la deshonra conque la historia le juzgará como opresor y agresor de un pequeño pueblo de gigantes.

Nada le salvará del oprobio al que conduce el camino elegido por su administración, un camino sin salida.

Reuniones, conciliábulos y sanciones sin sentido, pura maldad esgrimida contra la más elemental razón, se enfrentan a la vergüenza de un pueblo.

Somos amantes de la paz, queremos construir un futuro próspero para nuestros hijos y nietos, deseamos relaciones justas, de principios, con su país; pero no somos un pueblo desarmado, señor Biden, tenemos las armas y, más importante, las almas listas para repeler cualquier agresión. No se deje engañar, les sería impagable la aventura.

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