Farsa en la Casa Blanca (+ Video)

Hay una realidad que no permite diferencias: sea demócrata o republicano, tanto Biden como Trump responden a una política similar y, de haber algo diferente, o es algún cambio cosmético o simplemente una forma de «quedar bien» con uno u otro grupo de electores.

Afirman desde Estados Unidos que existe inseguridad en la Casa Blanca
Foto: Prensa Latina

Pensé que, quizá a esta altura de la estancia de Joe Biden como presidente de EE. UU. –un poco más de seis meses–, el demócrata que tantas promesas hizo para revertir la política hostil de su antecesor contra Cuba ya hubiese, al menos, eliminado todas o la mayoría de las 243 medidas adicionales al criminal bloqueo, impuestas por Trump.

Pero hay una realidad que no permite diferencias: sea demócrata o republicano, tanto Biden como Trump responden a una política similar y, de haber algo diferente, o es algún cambio cosmético o simplemente una forma de «quedar bien» con uno u otro grupo de electores.

Lo del pasado viernes en la Casa Blanca fue calificado por el canciller cubano Bruno Rodríguez  Parrilla como «una farsa».

Además, el mandatario estadounidense no se da a respetar cuando acude a un convite donde están anexionistas, contrarrevolucionarios y confesos impulsores del odio y la confrontación con la Cuba que, en muchos de los casos, los vio nacer.

Algunos medios de prensa calificaron a los invitados como «líderes cubano-estadounidenses», irrespetando con sus calificativos el concepto de líder. Pero también forma parte del show que intenta fabricar una matriz de mentira respecto a lo que ocurre en Cuba.

«Estoy aquí para escuchar», dijo el mandatario a sus invitados, y lamentó que el pueblo cubano haya «sufrido décadas bajo un régimen comunista fallido».

Poco tacto y completa irreverencia de un mandatario que nada ha hecho de lo que prometió a sus electores, para que las relaciones entre su país y el nuestro transiten por otros cauces que no sean la confrontación y el odio.

Usar el tema cubano como moneda de cambio en sus aspiraciones electorales para lograr el voto de la Florida, y junto a ello aplicar nuevas sanciones al pueblo de la Isla, es dar continuidad a lo que tanto criticó de su antecesor Donald Trump.

En el citado convite no podía faltar esa especie de vedette prefabricada de la contrarrevolución: el músico Yotuel Romero.

Ante esos anexionistas, el presidente Biden dijo que vendrían más sanciones, a menos que se produzcan «cambios drásticos» en Cuba. También expresó que Estados Unidos estaba ampliando la asistencia a los presos políticos y disidentes, y que pidió al Departamento de Estado y al Departamento del Tesoro que proporcionaran, en un mes, recomendaciones sobre «cómo maximizar el flujo de remesas al pueblo cubano sin que los militares cubanos reciban una parte».

Cualquier ciudadano de este mundo que escuchara, viera o leyera los discursos de Biden durante su campaña electoral para derrotar a Trump, puede pensar que el que ahora habla y actúa es otra persona; pero no, es el mismo que, una vez en la Casa Blanca, ha cambiado de «palo pa´rumba», mientras Cuba sigue sufriendo los efectos genocidas del bloqueo, las nuevas sanciones y el juego político de republicanos y demócratas.

Biden también incluyó en su agenda de estos días recibir en la Casa Blanca a la opositora de la República de Belarús, Svetlana Tijanóvskaya, quien pidió más presión y nuevas sanciones contra el presidente de su país, Aleksandr Lukashenko.

Tras la reunión, Biden regaló unas galleticas a la también excandidata a la presidencia de Belarús, derrotada en las urnas y autoconvertida en feroz crítica del proceso que le fue adverso.

Los despachos de las grandes agencias no dicen si hubo galletas regaladas para los anexionistas cubanoamericanos convocados para el show mediático con el presidente Biden.

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