Papá, papi, viejo… ¡muchas gracias! (+Audio)

Nuestro primer encuentro aún antes de nacer, allí, en el cálido y acuoso vientre materno es con ella, pero desde entonces ya muchos sentimos una voz segura que a veces susurra junto a la pared que nos separa, desde entonces ya intuimos que alguien fuerte también nos espera para cuidarnos.

Luego viene la luz intensa, nacer duele y cansa, la madre suave como seda nos alimenta, nos arrulla, y de pronto una primera cargada de papá, incómoda, demasiado rígida, porque trata de ser suave, y sus primeros arrullos medio torpes, la experiencia es extraña pero deliciosa y comienza a hacerse costumbre para cualquier bebé.

Luego sentirás esa mano fuerte al dar los primeros pasos, esa voz grave en los consejos y hasta en los regaños, los paseos en bicicleta, los primeros lanzamientos de pelota y alguna instrucción por el primer amor.

Quien haya vivido junto a un padre esas amorosas experiencias sin dudas también será un excelente progenitor.

Aquello de que madre hay una sola y padre es cualquiera, lo dijo quien no tuvo un padre así como el que tantos podemos recordar. Ese hombre que enseña a ser padre o madre a sus hijos a base de amor.

Y pasan los años, de su mano guiando la nuestra transitamos a la nuestra remolcando la suya. Tal como antes nos llevó a la escuela o al turno del dentista, luego depende de nosotros para vivir amado y protegido igual que una vez nos hizo sentir.

Papá, papi, viejo, no importa la palabra escogida para nombrarte, sino la música que brota cuando se pronuncia, formas la vida y eres ella misma. De tanto quererte no se necesita un día para el homenaje, pero ya que otros decidieron celebrarlo, tengo un mensaje: Papá, papi, viejo… ¡Muchas gracias!

Imagen: tomada de Granma.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Complete la operación *