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Y cuando despertó…el periodista todavía estaba allí

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Las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones han propiciado sin lugar a dudas, importantes y radicales cambios en la profesión periodística.

Según algunos «profetas»», los periodistas son los dinosaurios del futuro: están destinados a desaparecer aplastados por la avalancha tecnológica.

Argumentos erróneos que lejos de marcar la influencia creciente de la Red de Redes en toda la sociedad, la contraponen con una profesión que se sirve positivamente de ella por las innumerables posibilidades de interacción y multimedialidad que esta le brinda.

Internet no resulta para nada una amenaza para el desarrollo y el mantenimiento de la labor periodística en el nuevo milenio. Más que ello, trae consigo inmensas transformaciones en sus necesidades, función social, escenario cultural, lenguaje, estilos y contenidos mediáticos.

Más de cinco mil canales entre diarios online, blog, foros y los llamados wiki, saturan el ciberespacio de información. Condición que exige a la profesión la búsqueda de renovadas y originales formas de comunicarse con el público en competencia con todos aquellos que con un solo clic, se convierten de espectadores en actores.

En contradicción, existen quienes argumentan que el desafío electrónico provocará el retorno a la normativa de los géneros como apoyo imprescindible para distinguir la actividad periodística entendida como profesión frente a la simple elaboración de datos; pero esto es algo que aún hoy no se observa.

El quehacer profesional apunta en estos momentos, a la hibridez de los géneros, a la utilización recurrente de la infografía, a la introducción de un estilo personal (narración en primera persona), mayor profundización y jerarquización de las noticias y al uso de nuevas modalidades como el periodismo de precisión, investigación y especialización para lograr una diferenciación con el resto de los textos que navegan por la inmensa teleautopista. Las formas puras van dejando paso a una mezcolanza que resulta atrayente y enriquecedora.

El periodismo especializado por solo citar uno de estos modos, se impone por la demanda de una información cada vez más contextualizada donde importa más el por qué y el cómo, es decir, el significado de los hechos y sucesos.

La prensa escrita como medio postulado a desaparecer, exige hoy una evolución de los géneros para afianzar su presencia en la sociedad y competir en términos de complementariedad con la radio, la televisión y la Internet. El tipo de periodismo que conviene hoy en este espacio impreso, es el interpretativo, además de una opinión que conlleve un análisis pormenorizado de las noticias.

Resulta importante detenerse en la forma en que se manifiesta la recepción en los medios actuales, incluso en los tradicionales. Ya no se da de forma pasiva sino que cada vez es más interactiva. Las audiencias, mayoritariamente a partir de los mecanismos que brinda Internet, conforman parte activa de los medios, que actualmente brindan secciones para lograr la retroalimentación.

Ser periodista en la contemporaneidad, en el nuevo milenio, en el mundo globalizado de hoy, incluye la adopción de nuevos roles, habilidades y modernas herramientas multidisciplinarias para rebatir con profesionalidad, las diferentes tendencias que obligan a cambiar la forma de expresión del periodismo.

Las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones han propiciado sin lugar a dudas, importantes y radicales cambios en la profesión periodística. Y aunque para llevar a cabo esta importante labor de «operadores semánticos»» ya no baste la vieja biblioteca, ni la vida misma como bien afirma Raúl Hernández Nova, el dinosaurio, al pasar de los años, todavía estará allí impulsado y no aplastado por la omnipresente World Wide Web.

Imagen tomada de Vanguardia

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