Autoridad moral, con uniforme

En el acompañamiento de quienes respetan la autoridad que imponen, más por su moral que por fuerza de ley, está la gratitud del pueblo. Foto: Dunia Álvarez Palacios

La sorpresa de una epidemia mortal sumó otro desafío colosal a la conjunción de esfuerzos que significa, para Cuba, sostener la economía nacional y apostar al desarrollo bajo las condiciones del bloqueo brutal de Estados Unidos.

El enfrentamiento a la covid-19 va siendo muestra elocuente de lo que logra un pueblo en unidad, y cuando es protagonista en las líneas frontales de sus guerras. En esta misma, que le ha impuesto a la Isla un confinamiento largo, nadie más, sino gente de pueblo, viste el verde o el azul que en las calles cuida el orden y la tranquilidad.

De las respuestas urgentes que demandó la epidemia, la que ofreció sin demora el Ministerio del Interior es tan equivalente en relevancia a las que dieron, por ejemplo, el sector de la Salud y las ciencias biofarmacéuticas.

Los hemos visto desdoblarse en cien misiones a la vez, sin distinción de edades ni grados, en la movilización para, primero, contener la propagación de una enfermedad que reclamaba a gritos el rigor en la disciplina social, y luego, combatir resueltos el oportunismo delincuente.

Con respeto, dignidad, madurez, se les ha visto conducir a nuestro pueblo en los espacios públicos, impedir que se subvierta el orden, ­hacer oportunos llamados de atención, enfrentar el delito y desenmascarar a sus autores, y han llegado más allá, porque saben dialogar, persuadir, escuchar, siempre bajo la premisa de que hacer valer la autoridad no implica el uso de violencia.

Del pueblo provienen y para el pueblo trabajan, porque son hijos, hermanos, padres, abuelos, en fin, seres humanos con los mismos apremios de cualquier cubano; aunque a ellos, como a tantos otros, les ha tocado ahora prescindir del calor familiar, la prioridad de los problemas propios, dejar de medir el tiempo que compone una jornada laboral, para que todo un país se sepa protegido, para que la enfermedad no pueda volver a dar ni uno solo de los pasos que le hemos obligado a retroceder.

Sea esta fecha –que no celebran de otro modo sino en pie donde se les necesita– una ocasión de reverencia a la entrega incondicional a la Patria, a la memoria de los caídos en el ejercicio del deber.

En el acompañamiento de quienes respetan la autoridad que imponen, más por su moral que por fuerza de ley, está la gratitud del pueblo, que también les aplaude.

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