Luna con pargos

Entre la primera luna llena de la primavera y la última, que tiene lugar a fines del verano, se produce el desove del pargo criollo en la costa norte de Villa Clara. Las imágenes documentan que en las profundidades de lugares escogidos de nuestra geografía marina, miles de animales con ese iris rojo intenso que caracteriza sus ojos y una mancha lateral negruzca cerca de su cola, comienzan a girar en una frenética espiral que culmina con la emisión de la simiente necesaria para perpetuar la especie.

Este esfuerzo resulta insuficiente para sostener las capturas del pargo y otros peces que conforman la denominada pesca de escama en nuestro territorio. Los gráficos productivos caen en barrena desde hace varios años por una elevada cantidad de razones, entre las que se incluyen la sobrepesca, el uso inadecuado de medios de captura y la no realización de vedas en las noches en que estos animales ejecutan sus fabulosas danzas reproductivas. Aun nadie conoce cuál es el límite de captura sostenible para la especie en la provincia

He seguido el tema durante años. Ante cada recaída productiva no han faltado los análisis de pescadores, conservacionistas y científicos pasandose cuentas, pero siempre he sentido que han faltado datos. Los índices de capturas, el esfuerzo pesquero y el número de barcos que persiguen al pargo criollo solo dan una parte de la historia, pero el asunto promete cambiar.

Me contó Edelkis Rodríguez, director del Centro de Estudios y Servicios Ambientales (CESAM) de Villa Clara, que sus especialistas con el acompañamiento de la Empresa Pesquera y la dirección de Guardafronteras en el territorio, iniciaron evaluaciones de pesca, pesaje y análisis de ejemplares en el Parque Nacional Los Caimanes, proyecto que esperan extender los próximos 4 años y que ofrecerá herramientas para conformar las acciones de manejo de este apreciado recurso

Actualmente las opiniones para proteger de una mejor manera al pargo criollo están divididas; algunos especialistas son partidarios de la siembra de alevines y apuestan porque se produzca el denominado efecto reboso cuando se consolide el santuario marino al norte de la provincia y el exceso de ejemplares termine emigrando y colonizando las áreas de pesca autorizadas.

Otros miran hacia los mercados sedientos esperando que las evaluaciones ofrezcan a corto plazo el tonelaje óptimo de captura en momentos que la economía mundial y local se resienten por el coronavirus y hay urgencia de alimentos e ingresos. 

El resto pone esperanzas en el maricultivo y su capacidad de generar producciones y ofrecer trabajo a los hombres de mar, disminuyendo la presión sobre la especie, pero me consta que fomentar una granja en el océano es algo extremadamente riesgoso en un clima como el nuestro y se precisan enfoques diferentes a los actuales para encaminar estos desempeños y no terminar arando en el mar.

En los próximos días regresará nuevamente la luna llena, bastará alzar la vista al cielo para encontrarla. Nuestro satélite natural tal vez luzca rojo, gris o dorado y nos sorprenda como una perla dando luz en la oscuridad, o quizás crezca tanto como si deseara tragarse el horizonte. Bajo las aguas, en horas de la madrugada, se producirá nuevamente un remolino vital que vale la pena no interrumpir para cumplir un plan o llenar momentáneamente algunos bolsillos. Las capturas de los próximos años dependen de lo que seamos capaces de preservar ahora.

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