Mijaín López ante la montaña olímpica de su cuarto título

Mijail López-olimpiada 2021

Ser multimedallista en Juegos Olímpicos es una hazaña, posiblemente la más difícil de alcanzar para un deportista, pues ganar una medalla bajo los cinco aros es también una proeza. La periodicidad de cuatro años, la concurrencia de lo mejor del planeta, y la condición de que es el título más anhelado, envuelve en una apasionante mística subir a tan exigente podio.

Ya el luchador cubano Mijaín López posee una gloriosa hoja olímpica, con tres triunfos en esas citas, y el reto del cuarto es ahora más empinado. Tokio-2020 no será en el próximo verano, sino en julio de 2021, y un año más se convierte en un serio rival, tal vez más fuerte que aquellos que han fracasado ante él en el encerado.

A algunos atletas, como al pinareño, les es aún más engorroso tener más de un lauro. Por ejemplo, los que concursan en los deportes colectivos solo pueden aspirar a una presea por edición, por lo que obtener dos coronas requiere de mantenerse en óptima condición por ocho años. Así también les pasa a los de combate, grupo este al que se suma el riesgo frecuente de traumatismos y las exigencias de un peso corporal determinado.

Otros, como el atletismo, la natación, la gimnasia, el canotaje o el ciclismo de pista, dan la posibilidad de lograr más de un título por convocatoria. De los 30 atletas con más premios en Juegos Olímpicos, ocho son gimnastas, siete nadadores, cuatro de atletismo, dos de canotaje, en tanto el ciclismo, el tiro con arco y la equitación tienen una presencia per cápita en ese listado de lujo. Sí, faltan seis, porque las excepciones están reservadas para los extraclases. Hay un sexteto de esgrimistas en ese espectro, entre ellos, la sin par italiana Valentina Vezzali, quien entre Atlanta-1996 y Londres-2012 conquistó con su florete seis doradas, una de plata y dos de bronce.

El ser humano que más veces ha escalado esas ceremonias es el nadador estadounidense Michael Phelps, con 23 primeros lugares, tres segundos y dos terceros, cosecha cultivada desde 2004, en Atenas, hasta Río de Janeiro-2016. Es, además, quien más títulos de ganador ha alcanzado en una sola edición, la de 2012, cuando lidereó ocho pruebas. La mujer más encumbrada representó a la ex urss en gimnasia: Larisa Latynina se colgó nueve de oro, cinco de plata y cuatro de bronce en Melbourne-1956, Roma-1960 y Tokio-1964.

En esa eximia corte deportiva, Cuba ha inscrito excepcionales epopeyas, justo en las disciplinas más difíciles de ser multimedallista. Ocho voleibolistas: Regla Bell, Lily Izquierdo, Mireya Luis, Regla Torres, Ana Ibis Fernández, Idalmis Gato, Marlenis Costa y Raysa O’Farrill lograron tres diademas de reinas en 1992, 1996 y 2000, y una de ellas, Ana Ibis, obtuvo bronce en 2004, para ser aún hoy la deportista de modalidades colectivas más ganadora en Juegos Olímpicos.

La judoca Driulis González rubricó otra heroicidad en el judo. Cargó sus alforjas con cuatro podios: uno de oro en 1996, otro de plata en 2000 y los bronces en 1992 y 2004. En los tatamis solo un hombre, el francés Angelo Parisi, tuvo la misma cantidad. A ellos solo los superó la faena de dos trofeos de ganadora, dos premios plateados y uno de tercer lugar, de la singular japonesa Ryoko Tani.

Mijaín López acepta el desafío para hacer crecer la historia con su cuarto trono dorado. Si lo conquista, igualaría a la gladiadora japonesa de esta disciplina, Kaori Icho, vencedora desde 2004 en todas sus presentaciones.

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