Crónica de viaje en tiempos de cerco (V): Las voces de Moscú

Nevó toda la noche en la víspera del regreso a Cuba. Al amanecer, un manto blanco cubría autos y árboles y aún seguía lloviendo agua helada. Seguimos al presidente hasta la primera cita de su último día en Moscú, pero era privada, así que lo esperamos tomándonos fotos sobre el jardín nevado del hospital donde sólo nos dijeron que alguien muy querido atiende su salud.

Después sabríamos que era Nikolái Leonov, el amigo entrañable de toda la vida del General de Ejército y autor de su biografía Raúl Castro, un hombre en Revolución. Pasa sólo un chequeo de rutina, pero su relación con Cuba por casi 70 años, convierten el encuentro con él en visita familiar, insoslayable.

El paso de Díaz-Canel y parte del Consejo de Ministros de Cuba por la Federación de Rusia, aunque breve y veloz, no solo se recordará por los acuerdos y proyectos, económicamente esperanzadores para nuestra Isla cercada. También dejó marcas profundas en el orden de los sentimientos.

Ya hablamos de San Petersburgo. Pero faltaba Moscú, la que “no cree en lágrimas”, según una película soviética de los 80 que todavía me hace llorar.

La capital rusa recibió al presidente cubano y a una parte de su comitiva, con la invitación irrechazable a una función del Ballet Don Quijote en el mítico Bolshói. Demasiado cercana la partida física de Alicia para no recordar todo lo que este teatro emparentó las culturas de ambas naciones, incluso cuando otros nexos menos espirituales se habían perdido ya.

Sea de los anfitriones o de nuestra embajada en Rusia, la idea no sólo fue buena en términos protocolares. Fue un modo inmediato de conectar sensibilidades.

Al siguiente día, el más intenso y productivo por sus implicaciones económicas para Cuba, la conexión llegó muy temprano, en gestos y propuestas de parte de empresarios exitosos de áreas estratégicas como la energía, la alimentación, el transporte, la producción de medicamentos, el turismo, las finanzas, la educación y la salud.

Recuerdo que oyéndolos pensé que mi próximo título bien podría ser: ¡Salimos del cerco! Pero no hay que exagerar. Ni engordar demasiado las expectativas. No se vino a buscar regalos sino a hacer negocios y en los negocios cada uno pone lo suyo, aunque se busquen fórmulas de ayuda al que menos tiene. Añadiendo al lado cubano el compromiso reiterado de honrar sus deudas. Y si es prescindiendo del dólar, mejor. Lo demás depende de la eficiencia con que respondamos.

Ahora, ¿cómo interpretar, sin apasionamiento lo que pasó después? ¿Qué sobreentender en lo que se dijo y lo que no se dijo durante las reuniones de Díaz-Canel y su equipo de Gobierno en esta gira, con sus homólogos rusos encabezados por Medvédev? ¿Y del encuentro con Putin, no en sus oficinas sino en su casa y durante un almuerzo?

Sin dudas, además de los trenes y las GAZelle en explotación en la Isla, de las inversiones industriales en marcha, de los créditos y otras claras y contundentes pruebas de que los convenios son letra viva y que los viajes están teniendo resultados, también hay una certeza que corre por dentro, que no se ve, pero se siente en cada nuevo encuentro entre los líderes de esta época a ambos lados de la mesa, donde se negocia sí, pero también se conversa como conversan las viejas amistades.

A la casa de Putin en Novo-Ogaryovo no fue invitada la prensa cubana, sólo los gráficos. Pero bastan las fotos y un pequeño video, exclusivo de RT, para advertir una notable diferencia entre la primera visita de Díaz-Canel, hace un año, cuando ambos intercambiaron saludos y una declaración leída, más formal y el encuentro de esta vez, cálido, expresivo, más cercano. En lo verbal y lo extraverbal se percibe mayor confianza.

Esa sensación se afianzaría en actividades de otro carácter, ya no de trabajo propiamente, sino de aproximación a los avances tecnológicos y a las poderosas tradiciones de la cultura rusa. Ya fuera en una visita al impresionante parque Zariadie, con su sobrevuelo en 5D a sitios emblemáticos de toda Rusia, ya fuera caminando el legendario y bohemio Boulevard Arbat o calle de los artesanos, donde vivieron Tolstói y Pushkin, por sólo citar dos de los universales, o recorriendo la Galería Tretiakov, guardiana del poderoso arte ruso en todas sus etapas.

Trato de repasar todo lo visto y lo vivido en menos de 48 horas y las emociones sobrepasan al tiempo. Siempre quedaré en deuda con los lectores y con Moscú. Nunca es posible contarlo todo. Aunque hay momentos que no se pueden saltar.

Elijo las últimas horas: la visita a la catedral de Cristo Salvador, cuya dramática historia resume uno de los mayores conflictos de la era soviética, y el encuentro profundo y sentido con Su Santidad Kirill, Patriarca de Moscú y de toda Rusia.

La Catedral es una de las más colosales obras de restauración emprendidas jamás. Demolida por órdenes de Stalin para construir sobre sus bases un complejo de piscinas descomunal, fue reconstruida con todas sus piezas y detalles con tal exactitud y precisión, que cuesta creer que no lleva siglos sino unos pocos años en las proximidades del Kremlin.

Justo desde allí y sin superar el asombro, partimos con Díaz-Canel al encuentro de Kirill, en el monasterio de San Danilov, del que también fue despojada la Iglesia Ortodoxa Rusa para convertirlo en reformatorio juvenil, hasta 1983 cuando le fue devuelta a sus dueños para ser restaurada con vistas al milenio de la mayor institución religiosa del país en 1988. Hoy es el hogar del Patriarca y símbolo del Renacimiento de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

La expresión del flamante Presidente cubano al saludar a Kirill con un “no podíamos irnos de Moscú sin verlo”, abrió un diálogo inolvidable por su honestidad y sus valores sociales y humanos.

El encuentro profundo y sentido con Su Santidad Kirill, Patriarca de Moscú y de toda Rusia, con el presidente de la República de Cuba. Foto: Estudios Revolución.

El Patriarca hizo un relato apretado de su relación con Cuba, especialmente con Fidel y Raúl, a los que agradece la construcción de la Iglesia Ortodoxa Rusa en “el mejor lugar de La Habana” y la posibilidad de haber realizado en la Isla su encuentro con el Papa Francisco, que resolvió un desencuentro de siglos y ha sido fundamental en los esfuerzos de las dos mayores ramas del cristianismo en favor de la paz mundial.

Por lo que se desprende de las palabras de Kirill, sin los diálogos que propiciaron el nacimiento del templo de su Iglesia en La Habana, no se habría llegado a la histórica cita de sus santidades en la misma ciudad, en 2016, de la cual hoy dice que fue “en el mejor lugar y en el tiempo oportuno “.

Al amparo de esa relación entrañable, el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa elogió los pasos de Cuba tras la nueva Constitución que abre posibilidades de un mayor desarrollo económico y crea un sistema sólido de gobierno, pero también pidió permiso a Díaz-Canel para sugerir que estén alerta frente a los riesgos y amenazas que las transformaciones y cambios suelen traer aparejadas a los beneficios, cuando se revisa el pasado rechazándolo todo, incluso las tradiciones. Estaba aludiendo, sin dudas, a la experiencia de una etapa de la era soviética de la que acabábamos de tener noticia en la Catedral de Cristo Salvador.

Con su habitual sencillez, el mandatario cubano le concedió a su anfitrión todo el derecho a la advertencia y le agradeció el comentario. Entonces explicó a Kirill el concepto de continuidad, dialéctica, no estática, como él mismo define el proceso de transición generacional, que tiene lugar en el país, bajo la conducción de Raúl Castro y la generación histórica.

Fieles al legado de los que hicieron la Revolución y a las tradiciones del pueblo cubano, a su historia, a su cultura, a su identidad, tratando de atemperarnos a los tiempos que corren para poder alcanzar la sociedad próspera y sostenible, tratamos de formar a las nuevas generaciones para que asuman ese legado, no como autómatas, sino por el conocimiento de lo que significa, por ejemplo, el enfrentamiento histórico al vecino del norte, explicó el mandatario, aclarando que se busca ejercer el gobierno con una gestión transparente, visible, que se aleje de la burocracia y las trabas y esté cada vez más cerca de los ciudadanos y sus problemas.

Hablaba de sus recorridos por provincias y de las gestiones intensas para avanzar en medio del cerco del bloqueo, cuando la prensa fue invitada a abandonar el recinto para emprender el regreso.

Ya en el avión, al presidente cubano se le veía animado, sonriente. ¿Satisfecho?, pensé preguntarle, pero no dio tiempo. Rotos por una gira intensa y sin pausa, todos se recogieron en sus asientos y yo me dispuse a escribir. Como dice el Babalao, “lo que se sabe no se pregunta”. Las voces de Moscú fueron dándome la respuesta.

Tomado de Granma

Ileana Fernanda

Ileana Fernanda

Redactora Reportera de Prensa y Directora de Programas Informativos desde el año 1998. Hace ocho años dirige el Sitio Web de la CMHS Radio Caibarién.

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