El pecado de la insularidad impuesta

Hace pocas semanas viajé a España por motivos de trabajo. Después de más de 20 años sin ir, encontré un país distinto a aquel que conocí: mucha más tecnología, edificios altos e inteligentes, carros que se apagan cuando llevan cinco segundos detenidos en un semáforo (para no contaminar el medioambiente), aeropuertos donde solamente con el pasaje en código QR en un móvil puedes abordar…. Pero algo no había cambiado, y era precisamente la férrea defensa del idioma, nuestro idioma.

En la muy turística España todo es en español y hay muy pocos carteles en otros idiomas: han sumado la simbología para darle un lugar junto a la palabra. Es decir, si en un restaurante no se permite el ingreso de animales se colocan una secuencia de símbolos entendibles para todos los habitantes del planeta y está escrito en español. No acuden al inglés, al francés o al alemán para alertarnos. Es una manera –pienso yo– muy soberana de decir: «estás en España y hablamos español, te adaptas o…».

No se usa parking sino parqueo o estacionamiento, no se usa open ni close sino abierto o cerrado, no dicen DVD en inglés sino en español, ninguna puerta dice enter sino entrada, en los teatros no aparecen carteles de exit sino salida, no subtitulan las películas sino que las doblan al español, y miles de ejemplos más. Esa reoxigenación idiomática me contaminó rápidamente, y, si soy sincero, la disfruté enormemente.

Hace unos pocos días publiqué un comentario en mi perfil de la red social Facebook, donde expuse mi preocupación acerca de la necesidad de afianzar nuestro idioma español, ya fuera leído o escrito. En concreto puse el ejemplo del canal de TV en alta definición (no HD, no en inglés) Cubavisión+, pues cuando este se promociona se adiciona el vocablo plus para equiparar el símbolo +. Es decir, se escribe con el símbolo +, pero lo pronuncian como Cubavisión plus.

En ese momento hice alusión al idioma inglés, pues creo ha sido precisamente esa lengua la que más ha usado el vocablo plus. Algunas personas y colegas pronto acudieron al debate y expusieron sus criterios, algunos respetuosos y otros con marcado carácter ofensivo, como es ya habitual en las redes sociales, cuando se ataca al emisor, mas no al mensaje. Algunos me espetaron –con total razón– mi equívoco al catalogar como anglófono al vocablo de la discordia, el querido plus. ¿Pero alguien en Cuba recuerda haberlo utilizado? Es decir, plus proviene del latín, y su significado es asociado a lo que en español podríamos denominar un extra. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española significa:

1. M: complemento de dinero con que se incrementan un sueldo o un precio, de manera ocasional o habitual. Ej. Recibo un plus de peligrosidad, un plus de exceso de equipaje.

2. M: Suplemento, material o no, que se añade a lo que corresponde o se considera habitual. Al cargo público se le exige un plus de honradez.

Muchos foristas me trajeron a colación estas y otras definiciones de la RAE sobre la locución latina plus, no para justificar su adición al nombre del canal de TV, sino para enfatizar –pienso– en mi error de presentarlo como anglófono. Y sí, cometí el lamentable equívoco, pero basado en una experiencia para mí real, palpable, cubana: nunca hemos utilizado el vocablo en nuestra jerga idiomática, pues nuestra lengua es bastante abarcadora para definiciones, contando, como pocos, con muchísimos sinónimos.

¿Alguna vez decimos que nuestro pueblo ha realizado un plus de resistencia o heroísmo? ¿Alguien cobra el plus de las vacaciones, o el plus del almuerzo?

¿Es normal pedirle a alguien que tenga un plus de honradez como dice la definición de la RAE? En Cuba no se utiliza este vocablo y aunque viene del latín, efectivamente, está más asociado a terminologías mercantiles (iPhone 7 Plus) o turísticas (5 estrellas Plus) que a la vida cotidiana. Por el contrario, sí se han ido implementando –sobre todo en tiempos recientes– diversas apropiaciones lingüísticas a nuestro entorno social, radial, televisivo y a veces cultural, y, como suele suceder, en detrimento de una cultura de la identidad, de lo auténtico. Si seguimos incorporando carteles, logotipos, presentadores o bares con indicaciones en otros idiomas, quizás no sepamos en el futuro en qué ciudad estemos, si en Berlín, La Habana o Sidney, y eso, pienso, es una debilidad frente a la guerra cultural, no que se avecina, sino la que ya está aquí.

Cuando muchos de aquellos me atacaban por salirle rápidamente al paso a la tendencia de que un vocablo foráneo sustituya mi rico idioma, y no les importaba el plus en el nombre del canal de TV nacional, sino mi error de considerarlo un anglicismo, recordé mis días recientes en la geografía española, y simplemente me aferré a la idea de que hay quien sufre de una desmedida dosis del mortal pecado de la insularidad impuesta, no aquella que amamos y que está rodeada de mar.

Autor: Oni Acosta Llerena | internet@granma.cu

Yudith Delgado

Yudith Delgado

Periodista, guionista y directora de programas radiales. Amante de mi familia y de Caibarién.

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