Los campesinos nunca le han fallado a la Revolución

Solo puede ser  justo quien sienta orgullo de nuestros campesinos, de su abnegación y desprendimiento, de su amor infinito y lealtad probada, al líder que hizo posible que hoy nadie pueda mirar por encima del hombro a un campesino, porque Fidel les devolvió para siempre todos sus derechos, el primero de ellos, el de ser tratados por primera vez en nuestra historia, como seres humanos.

Solo puede ser  justo quien sienta orgullo de nuestros campesinos, de su abnegación y desprendimiento, de su amor infinito y lealtad probada, al líder que hizo posible que hoy nadie pueda mirar por encima del hombro a un campesino, porque Fidel les devolvió para siempre todos sus derechos, el primero de ellos, el de ser tratados por primera vez en nuestra historia, como seres humanos.

El 17 de mayo no admite polémicas, esa es la fecha del campesino cubano. Y se incrustó por derecho propio en las entrañas de nuestros labradores de la tierra desde que el luchador Niceto Pérez fuera asesinado delante de sus hijos por un guardia rural al servicio de la oligarquía terrateniente en su propia finca ese día de 1946. Trece años después, el 17 de mayo del 59, exactamente seis décadas atrás, Fidel subió a la Plata para firmar la primera Ley de Reforma Agraria.

Fue la garantía no solo de que nunca más sería asesinado un campesino, sino de que además de entregarles la tierra fertilizada hasta entonces con su sudor aunque no fuera suya, compartiría el poder en lo adelante con sus hermanos de la clase obrera.

Dos años después, como para probar que el 17 de mayo siempre será la fecha de nuestros campesinos, su unidad fue blindada con el nacimiento de su entrañable ANAP.

Los campesinos nunca le fallaron a Fidel. De aquel reducto de Alegría de Pío surgió el Ejército Rebelde con el incondicional sostén de los campesinos de la Sierra Maestra.

Con su apoyo se limpiaron las montañas de bandidos, y cuando, como consecuencia del derrumbe de la URSS fueron severamente golpeados los programas estatales de la agricultura cubana, el campesino, que seguía encariñado con sus bueyes, dijo a sus hermanos obreros: aquí estamos nosotros para sacar la cara.

Y aunque las limitaciones fueron serias, no pudo el imperio asfixiarnos y rendirnos por hambre, como se proponía.

Un nuevo fantasma recorre nuestros campos actualmente, con el recrudecimiento del acoso imperial, la escasez de insumos los enyerba, con la excepción de las fincas de nuestros campesinos que nunca se acostumbraron a los herbicidas afortunadamente.

La diferencia en la atención a los cultivos la han visto mis ojos por estos días. Tiene que ver también con su laboriosidad.

Los campesinos suelen mirar al cielo para prever si va a llover, pero nunca les importará el reloj mientras quede trabajo por delante. Ello explica que sin poseer las más fértiles tierras, con un área insignificante bajo riego y muy pocos insumos aporten el 80 por ciento de la producción agrícola del país y la totalidad en algunos renglones como el tabaco que es uno de nuestros principales rubros exportables.

Solo puede ser  justo quien sienta orgullo de nuestros campesinos, de su abnegación y desprendimiento, de su amor infinito y lealtad probada, al líder que hizo posible que hoy nadie pueda mirar por encima del hombro a un campesino, porque Fidel les devolvió para siempre todos sus derechos, el primero de ellos, el de ser tratados por primera vez en nuestra historia, como seres humanos. / Jesús Álvarez López

José A. Zuloaga Martínez

José A. Zuloaga Martínez

Profesional con más de 30 años de experiencia en los medios, Periodista, Guionista y Director de Programas. Ha incursionado en la Radio, la TV y el Ciberperiodismo. Multipremiado en eventos del ICRT, la UPEC y otras instituciones cubanas.

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