Un Pichón que nació pescador

La gente de mar siempre me sorprende. Las arrugas dejadas en el rostro por el salitre bañado de sol y sus manos ásperas forman amalgama con su bondad infinita y sinceridad casi infantil. Así es José Masa Ruíz, o mejor como lo conocen los caibarienenses “Pichón”.

Éste hombre robusto, de mirada serena y andar tambaleante propio de sus 71 años, habla con marcado orgullo de sus padres Hildo y Santa, y del nacimiento de él y sus dos hermanos en Cayo Güasí, en la Cayería Norte donde su familia estaba arranchada.

A Pichón se le nublan los ojos con lágrimas al hablar de su madre, de cómo a las 5 de la mañana ya tenía lista la caldera de gofio para el desayuno y quizás el almuerzo, porque ella debía que ir  hasta el monte a cortar la leña para hacer el carbón, mientras él y sus hermanos la cargaban hasta donde hacían los hornos y su padre pescaba.

También narra, todavía con asombro inocente y algo de temor, cómo su mamá dio a luz a su hermano más pequeño en el barco, y su papá le cortó el cordón umbilical con un hacha, lo anudó y lo limpió con aguardiente. Luego se fondearon en Cayo La Providencia, Hilda se levantó con el recién nacido en los brazos y preparó la comida para todos.

Él bien sabe del temple de las mujeres que,  como su madre vivían en los cayos de Caibarién, ellas se las ingeniaban para cocinar bien sabroso, los pescados, cangrejos, caracoles y jutías; eran costureras hábiles que aguja en mano hacían ropas para todos con el lienzo de los sacos de harina, y hasta lograban lucir hermosas con alguna flor silvestre colocada en el pelo.

A Pichón le brota la admiración al recordar cuando él y su primo Esteban, pescaban en un chapín y de pronto el fuerte viento de una tempestad viró la embarcación, cayeron al mar, se estaban ahogando y su madre los vio, se tiró al agua y los sacó a los dos hasta la orilla.

Este caibarienense asegura que gracias a su padre aprendió todo sobre el mar, de él conoció cómo orientarse para poner rumbo a la pesquería, le dijo cómo marcar cada canalizo y restinga, y de las zonas de pesca, pero por sobre todas las cosas le enseñó a ser honesto, trabajador, a amar y proteger a su familia y respetar a la patria.

Así transcurrió la infancia y adolescencia de Pichón, y en los Cayos supo de Fidel, de la Sierra y de la llegada de la Revolución. Entonces se formó la Cooperativa de Pesca de Caibarién, y su papá junto a todos los pescadores faenaban en alta mar mientras, cuando estaban en tierra construían la Ciudad Pesquera, y en el año 1964, a Hildo le dieron las llaves de la moderna casa, totalmente amueblada, y aunque el primer día de la mudanza no encontraban la vivienda número 45, ésta desde ese entonces se convirtió en el hogar de la familia Masa Ruíz.

Entonces, Pichón seguía de aprendiz de su padre, hasta que se embarcó en el año 1972 en el Cima bajo las órdenes de Ramón Paz Carrillo, y con el paso del tiempo se bautizó como patrón de la Unidad 41, un cayo largo langostero que  faenaba entre Cayo Santa María y el Faro Caimán.

Bien conoce este hombre de mar, de lo peligroso que resultaba pescar en las aguas de Las Bahamas, donde los piratas remunerados por los yanquis provocaban y atacaban a los pescadores caibarienenses, entonces con tristeza y rabia habla del asesinato de su compañero Roberto Torna, del secuestro de los once pescadores, del degollamiento de Amado Jiménez, y de cuánto hecho terrorista fueron víctimas por esos peligrosos días, en los que nadie se bajó de un barco.

Asimismo, ríe al contar sobre la llegada del maestro al cayolargo cuando la Campaña de Alfabetización, y de lo difícil que le resultó escribir y leer las primeras letras, eso sí, tenía que aprender porque le esperaban las escuelas del Partido Comunista de Cuba y del Ministerio de la Pesca, y no podía fallarle a la Revolución.

Este septuagenario, habla con orgullo de su esposa Genara Castro Leyva, con la que ya lleva casado 50 años, tienen tres hijos, nueve nietos y ocho bisnietos. Se reconoce un hombre afortunado porque sus descendientes varones siguieron sus pasos y son pescadores, y asegura que los sábados cuando la familia se reúne en su casa de La Pesquera, la conversación recurrente tiene que ver con la pesca y el mar, eso sí, siempre acompañados por la música mexicana.

A Pichón lo conocí a bordo del Plástico 28 cuando se preparaban para zarpar mar afuera hasta llegar a las aguas de Cayo Santa María y capturar langostas. En este barco laboran sus hijos Jesús, como patrón y José, es el cocinero. Y con una sonrisa pícara asegura que él es la experiencia viva.  

De izquierda a derecha José, Pichón y Jesús

Por último, José Masa Ruíz me confiesa que cada día llega hasta la orilla de Caibarién y le dice al mar: – ¡Gracias pariente, a ti te debo mi vida y la de mi familia…Gracias!…Mientras que a mi solo me resta asegurar que este Pichón nació pescador.

Fotos: Ernesto Hernández Palencia

Yudith Delgado

Yudith Delgado

Periodista, guionista y directora de programas radiales. Amante de mi familia y de Caibarién.

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