Celia, para ser flor

Tenía nombre de santa, y siempre que estuvo a su conocimiento y alcance obró milagros para muchos cubanos. Pudo haber sido Norma, Lilian, Carmen, Caridad o Aly, cualquiera de ellos no iba a impedir que soñara, que montara en avionetas, que persiguiera con mirada fija y asombrada la trayectoria de un zeppelín o vistiera de fantasma para espantar al campesino.

Por tradición familiar su mano se educó en lo justo, en lo ético, y en lo humano y fue su mano también la que posicionó al Apóstol en lo más alto de Cuba para que iluminara desde allí a su pueblo.

Y siendo una joven divertida, capaz de gastar la más ingenua de las bromas, sencilla a la par de perderse entre las flores, y educada entre las teclas de un piano, supo entregar coraje cuando más hacía falta para perderse en las oscuras calles de Manzanillo con algún mensaje de vida o muerte, o aguantar el dolor de las espinas de marabú cercenando su carne o a la cabeza de un grupo de hombres del llano desafiando los prejuicios.

Organizando desembarcos – ahí estaba ella- , contactando con periodistas y subiéndolos a la Sierra, vistiendo de verde olivo más allá de los géneros y perdiéndose entre la maleza de bejucos y fusiles.

De nuevo, en el llano, hizo como nunca honor a su nombre de santa, y aunque nunca recibió una educación religiosa, Celia Esther de los Desamparados se convirtió en madre para muchos niños, en abogada para descabezar burocracias, en constructora para crear parques, palacios y caminos, y en rayo de sol para perpetuar la esperanza.

Siempre estaba  allí, donde más hacía falta, de modo tal que su cuerpo ya menudo y su cabellera oscura, lacia y larga se hizo imprescindible. ¡Cómo no recordarla desde la mariposa que llevaba detrás a un costado de su cabeza, o las redondas argollas, o las manos afiladas de la pianista que nunca fue! No supo de vanidades, ni de tiempo para el descanso, porque su vida desde el día que nació siempre fue así de intensa hasta su desaparición física, a tal punto que dejó de ser de los Desamparados, para ser de Cuba, para ser flor.

 

Imágenes: Tomadas de Internet

 

Yudith Delgado

Yudith Delgado

Periodista, guionista y directora de programas radiales. Amante de mi familia y de Caibarién.

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