El cuentero de Caibarién

Todos los pueblos de Cuba tienen un cuentero, se trata de un individuo pintoresco, por cierto ¿por qué siempre son hombres?, que narra en lugares públicos historias vividas o inventadas, con un dominio dramático adquirido en los años de práctica callejera y aprovechando dotes naturales que ni se sabe cuándo y cómo descubrió cada cual. Onelio Jorge Cardoso, narrador cubano, inmortalizó a este arquetipo en su célebre obra El Cuentero; en Caibarién, sin dudas, el cuentero es Luis Quijá.

En realidad se llama  Luis Eugenio Rodríguez González,  pero todos lo conocemos como “Luis Quijá” o “el viejo Quija”, apodo del que presume y que corresponde a la prominencia de su maxilar inferior.

Nuestro cuentero acumula la mayoría de sus narraciones gracias a su afición parrandera, y conste que no hablo de que sea un tipo fiestero, aunque lo es, sino de su pasión por hacer carrozas para la celebración de la Parranda, fiesta tradicional de Caibarién que ocurre en diciembre de cada año desde 1892. En ese andar de pueblo en pueblo, o durante el trabajo de meses para lograr tales muestras de arte popular, Luis Quijá se apropia de anécdotas que luego dramatiza una y otra vez ante los más diversos espectadores, agregando en cada ocasión detalles más jocosos según la audiencia muestre aceptación.

Como todos los cuenteros populares cubanos, al viejo Quija no hay quien le cambie un detalle, ni acepta que desconfíen de la veracidad de su narración, y como todos ellos, también tiene sus admiradores que lo siguen o coinciden con él en diversos “escenarios”, sea durante una peña cultural, o degustando una cerveza en medio de las fiestas populares.

De su repertorio hay clásicos que se le piden con reiteración, y otros que aparecen de súbito pues pertenecen a la más reciente experiencia. Puede hablar por horas si se moja el gaznate con algún líquido que tenga un porciento de alcohol, y a secas también, y la plática se extiende cuanto resista la audiencia, que el cuentero nunca se rinde.

Atributo inseparable del cuentero de Caibarién es su sombrero, pocos de sus coterráneos han visto descubierta la cabellera que se presume abundante y de un negro que contrasta con el verde de sus ojos, vivaces como de mozalbete aún cuando Luis Quijá pasa ya de los sesenta años. Pero vuelvo al sombrero que no es uno, sino varios, de acuerdo a la ocasión, y que acomoda repetidas veces durante el cuento, como si lo ajustara.

Otras características del narrador local son el cambio de voces para representar a los personajes del cuento, el aporte de efectos a través de sonidos que emite con la voz y el movimiento constante de ambas manos para ilustrar también lo narrado.

Por supuesto que nuestro cuentero ha recorrido mundo, lo mismo en su afición por hacer carrozas y trabajos de plaza, como de visita a sus ancestros plantados en las Islas Canarias, de ahí que guarde en la mente vivencias numerosas y referentes importantes para hacer público su don natural  de contar a los otros.

Lástima que ya El Cuentero de Onelio sea insuperable, pues nuestro Quija podría ser sujeto para una historia tal cual aquella de Juan Candela, el que entretenía a los cortadores de caña en las noches campesinas, ahora representado en un hombre que sazona las noches marineras de esta ciudad de la costa centro norte de Cuba con cientos de historias vividas… o imaginadas, pues nadie conoce dónde termina lo uno y comienza lo otro.

Texto: Raisa Guevara García/ raisag@cmhs.icrt.cu

Imágenes tomadas de Caibarién Galería

Raisa Guevara

Raisa Guevara

Periodista, directora y guionista de programas de radio en emisora Radio Caibarién

Un comentario sobre “El cuentero de Caibarién

  • el 22 marzo, 2017 a las 1:26 am
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    Se le extraña mucho yo como muchos participamos por muchos años en la época dorada de los carnavales con manso .quija miguelin el negro Jorge de la Loma. los Reyes jaja muchos recuerdos un beso grande desde Barcelona pronto los veré por nuestro caibarien querido .

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