Florencio Gelabert y el secreto de la vida eterna

Retrato del escultor caibarienense Florencio Gelabert(1961)

De la fuerza del concreto o el bronce a la dulzura de una curva femenina esculpida en la caoba cubana, viaja Florencio Gelabert por esta ciudad. Se le puede encontrar en cualquiera de nuestros espacios: desde el encumbrado museo hasta la más populosa de nuestras plazas.

En la entrada del pueblo, una colosal estructura evoca el sobrenombre de los caibarienenses, y a la vez contribuye a que a esta villa de pescadores se le conozca en todo el país como “El pueblo del gran cangrejo”, y a sus hijos, se les acentúe el histórico epíteto de, “cangrejeros”.

El célebre cangrejo de Caibarién identifica a esta villa y sus pobladores desde 1983

Precisamente, una coincidencia histórica acerca la figura del escultor a su más grande obra local, el célebre Cangrejo de Caibarién fue culminado el 28 de agosto de 1983, y Gelabert dejaría la vida un 30 del mismo mes, pero doce años más tarde.

Nació en 1904, un 23 de febrero, y desde niño se mantuvo ligado a esta tierra de una forma muy especial, cuando deambulaba por la orilla del mar recopilando piedras y caracoles, o en busca de un trozo de madera en los astilleros caibarienenses para elaborar sus primeras obras. En otras ocasiones, realizaba dibujos muy adelantados para su edad y modelaba en barro, o hasta con fango de las zanjas.

Fuente del Hotel Riviera, en La Habana

Con doce años, estudia trombón con el maestro José María Montalbán y trabaja en una fundición de bronce y hierro. En 1920, una quemadura lo aleja del trabajo e ingresa en la banda municipal tocando su instrumento.

Luego de trabajar como albañil durante casi ocho años, Gelabert ganó una de las seis becas por oposición abiertas en 1928 para iniciar estudios en la academia San Alejandro, de la capital, pero la salida del pueblo no rompió nunca el entrañable lazo entre el entonces novel artista y este poblado de pescadores.

La Velocidad, en las cercanías de la Terminal de ómnibus Interprovinciales de la capital

Hasta su graduación en San Alejandro, en 1934, alternó los estudios con la música en diversos centros nocturnos hasta llegar a la Orquesta Filarmónica de La Habana, dirigida por Amadeo Roldán, donde estaría hasta 1938. Durante algunos fines de semana de 1933 se traslada a Caibarién para tocar en la recién fundada Orquesta de Conciertos dirigida por Alejandro García Caturla.

Tres años después obtendría una plaza de profesor titular en la Escuela Anexa de San Alejandro, e iniciaría una carrera verdaderamente impresionante, con premios y obras reconocidas por la crítica e identificadas por el pueblo hasta la actualidad.

Entre las más destacadas se encuentran el monumento erigido en La Habana al general Quintín Banderas y las decoraciones del Hotel Habana Riviera; El Caballito de Mar, La Ninfa; el Tiburón y otro conjunto escultórico en bronce, frente a la entrada del cabaret de dicho hotel.  La fuente alegórica al transporte que se halla al costado de la Terminal de Ómnibus, la del Hotel Atlantic, el mural de la heladería de Santa Catalina.

Gelabert dedicó una de sus esculturas a José Raúl Capablanca

Artísticamente, a Gelabert se le considera un escultor capaz de sobrepasar los límites del retrato hacia la búsqueda de emociones humanas, con la consecución de líneas suaves y matices psicológicos capaces de reflejar la personalidad. Una cualidad expuesta principalmente en sus tallas en madera de rostros femeninos, pero presentes de forma general en la totalidad de su obra.

En el museo María Escobar Laredo, de Caibarién, se exhibe una pequeña colección de su obra que incluye esculturas en madera y un busto de don Narciso de Justa, fundador de la villa en 1832. En el parque La Libertad, podemos ver un busto de Gelabert, que evoca en bronce la figura de Antonio Maceo.

Una faceta poco conocida del maestro caibarienense constituye la elaboración de las mascarillas mortuarias de varios hijos ilustres de nuestro país. En este caso se encuentran el genial ajedrecista José Raúl Capablanca (a quien también dedicó el rey de mármol que honra su tumba), el boxeador Kid Chocolate, el músico Gonzalo Roig y su maestro Leopoldo Romañach, otra figura del arte muy ligada a Caibarién.

Esa capacidad de trascender hace de Florencio Gelabert un componente eterno de esta ciudad cubana que hoy exhibe varias de sus obras en un abanico de facetas, pero a la vez, agradece ser reflejo y beneficiario de una de sus más monumentales creaciones.

Texto: Raisa Guevara García (raisag@cmhs.icrt.cu)

Imágenes tomadas de Internet

Yudith Delgado

Yudith Delgado

Periodista, guionista y directora de programas radiales. Amante de mi familia y de Caibarién.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SI NO ERES UN ROBOT RESUELVE ESTO **Cargando Captcha...