José Ramón Alcántara, una historia para ser contada

José Ramón Alcantara

Este 18 de febrero, Día del Instructor de arte, bien vale la pena recordar a José Ramón Alcántara, un hombre que entregó su vida al teatro y dejó plantadas semillas seguras en sus discipulos.

La periodista Raisa Guevara García, investigó la historia de este placeteño devenido caibarienense, y la ponemos a su disposición.

Circo no, teatro

José Ramón Alcántara, nació en Miller, cerca del municipio villaclareño de Placetas; llama la atención cómo un campesino llegó a convertirse en actor, director, escenógrafo…todo comenzó cuando muy joven era imitador, escribía a veces sus propios poemas para recitarlos y era el artista del velorio allá en su terruño natal y del barracón cuando hacía zafra en Camaguey.

Cuando tenía trece o catorce años, en pleno campo, ya estaba detrás de lo que pasaba en el mundo, iba a una pequeña tabaquería donde leían el periódico y discutían las noticias, recibían la Bohemia y su papá, por otra parte, recibía La Política cómica, semanario humorístico; empezó a tener una visión de que existía un espacio inmenso más allá de sus límites conocidos…Tropicana bajo las estrellas, los artistas con sus vidas públicas y aquellas fotos…y sabía que podía desenvolverse en ese medio, que no tenía que esperar el paso de un circo y salir errante por los campos, él quería más.

Si la Revolución hubiera venido más temprano…

Un garaje era su escenario aquel día en que el dueño de una fábrica de conservas en Ciego de Ávila escuchó su representación y se interesó en ayudarlo a llegar a la televisión, su yerno era camarógrafo y creyó que valía la pena tallar el diamante en bruto que se le  presentaba, hasta clases de inglés le dio; pero antes fue a Manacas con el empresario y trabajó allí en la construcción de una fábrica de su propiedad. Hasta que llegó el momento…

Un tío le dio la oportunidad de comprar una muda de ropa “fiada”: una guayabera de hilo…y fue a La Habana, allí le coordinaron con un camarógrafo para poder ir a la televisión, todo iba marchando…

En eso triunfó la Revolución y ya perdió los contactos, aquello no iba a dar resultado y regresó a Miller, pero de camino por Santa Clara, nada menos que un policía, campesino como él, le avisó: “Oye, José Ramón, en la universidad van a hacer un grupo de teatro profesional y si tú quieres yo hablo con la directora…”. Al otro día estaba en allí. Corría el año 1959.

Hizo una prueba y lo aceptaron. Era jornalero en el campo por las mañanas, y cada noche iba a la universidad, regresaba de madrugada y de vuelta al surco sin debilidades, porque asimilaba las clases y tenía tantas facultades como los otros que estaban allí y eran estudiantes universitarios.

La directora del grupo de teatro universitario decidió ofrecerle una mejor oportunidad para evitarle los días de dura faena sin noches para el descanso pues estaban dedicadas al arte: debía entregarse por entero al teatro… una cama en el camerino, el alimento en el comedor de la casa de altos estudios…el propio rector aprobó tales decisiones.

La música para teatro

Morena vino en las noches campesinas, fue su primera composición, para el teatro hizo un danzón donde los seres, sin diferencias por el color de la piel, se trataban como hermanos y se respetaban. Luego hizo el himno para el teatro universitario, contaron con los que tenían conocimientos musicales, el guajiro casi analfabeto no estaba entre los posibles autores; sin embargo, lo “marchó” en un camino nocturno entre las viviendas de sus hermanos, hizo la música y la letra. Freyda Anido era entonces estudiantes de Psicología con conocimientos musicales, ella lo llevó al pentagrama. Luego muchas de sus puestas tuvieron el aporte musical que les hiciera.

Un fundador

La bella y la bestia fue la primera obra que montó como director profesional del grupo La Edad de Oro, de teatro juvenil, que fue a la capital del país entre otros grupos provinciales. Fue el escenógrafo y creó aquel inolvidable efecto de las tres torres del castillo solo con luces y logró transformar a la bestia en pleno escenario.

Creó el grupo de teatro profesional de la provincia de Ciego de Ávila, 30 actores y técnicos, creó los servicios técnicos de la provincia, tal como lo hizo antes en Villa Clara. Pudiera definirse como un fundador.

Caibarién, aficionados… comunidad

Comenzaban los años ochenta del siglo XX cuando dejó de ser actor y director profesional para estar junto a sus hijos, al menos entonces debía asegurarse de que iba a tener una buena situación espiritual: formaría a los aficionados de Caibarién tal como había formado a los profesionales en otros lugares.

Empezó con estudiantes de preuniversitario, clásicos como Médico a palos de Moliere, Los habladores de Cervantes, Chéjov…premios en festivales de aficionados de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media a todos los niveles y el interés en lo comunitario motivado por la necesidad de difundir el teatro.

Poco después crea el grupo de Teatro municipal con el nombre de un promotor cultural caibarienenses por excelencia, Armando Rosado, a quien los locales conocían como Machina. Los mismos actores eran monitores en escuelas y centros de trabajo, ellos también lograron resultados encomiables. Jesús, Ramona, eran muy jóvenes, hoy ya pueden leerse en los surcos de sus rostros las huellas del tiempo.

También ideó el anfiteatro más ingenioso que se recuerde, la explanada de una cisterna entre edificios cuyos balcones fueron los palcos, dotó al reparto Van Troi de Caibarién de un espacio para el teatro donde ocurrieron frecuentes presentaciones. Era para él la sensación del teatro griego. Las mejores agrupaciones teatrales de la provincia mostraron sus obras allí.

La sede de la Cooperativa de Pesca fue otra plaza tomada por Alcántara y su tropa de actores y actrices. Eran espectáculos de dos horas o más, para que el público sintiera que valía la pena salir de casa, dejar la belleza de la televisión por la propuesta del teatro. Su “política” era: “que cada espectáculo tuviera el tiempo necesario para que la gente se sintiera bien cuando terminara”.

El teatro verde

Concebía este tipo de teatro de modo que los campesinos participaran, los actores estaban preparados para “jugar” con un borracho, o cualquier otro imprevisto habitante de los campos que se incorporara al espectáculo, sin romper la línea, se hacían a base de improvisación; pero hacía un guión, que se ensayaba mucho, solo que era flexible; su origen campesino le aportaba el conocimiento de qué podía ser lo interesante en cada lugar.

Sobre todo buscaba recordar las costumbres campesinas del pasado, para que los jóvenes no perdieran sus raíces: noviazgos, peticiones de mano, mortuorios, serenatas…

Psicoteatro

Vino el llamado Período Especial, los años noventa, los actores no tenían tiempo para ensayar ahogados en las precariedades de la búsqueda del alimento diario, en los barrios faltaba la corriente, el teatro como todas las artes, agonizaba junto a su público. Sentía que ya no podía hacer lo que deseaba y optó por la jubilación y volvió a vivir en Santa Clara.

Ya desde antes había pensado en hacer lo que llamó Psicodrama, se fue a la dirección del Hospital Psiquiátrico y planteó su idea, su aval estaba en lo conseguido con los niños de enseñanza especial, los galenos consideraban válida la opción para contribuir a la recuperación de sus pacientes. Siguiendo a Stanislavski solo pedía “hombres”, sin discriminar a ninguno, para devolver actores. El burocratismo mató la idea; el Psicodrama se malogró.

Epílogo

Parecía que todos lo habían olvidado, entre antiguas fotografías donde podía vérsele en las más disímiles poses sobre el escenario, transcurrían los días en que las piernas apenas podían llevarlo de la sala al cuarto; pero llegaron un par de estudiantes de periodismo para hacer la historia del teatro en Caibarién; su exalumna, aquella de Tres historias para ser contadas, se empeñó en recontarlo todo, jóvenes directivos de la Cultura vinieron con aquel Marcelito que comenzó de niño y terminó en director de teatro…Sintió que lo reconocían y decidió que era hora de partir.

Texto e imágenes Raisa Guevara García/ raisag@cmhs.icrt.cu

 

Yudith Delgado

Yudith Delgado

Periodista, guionista y directora de programas radiales. Amante de mi familia y de Caibarién.

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