Diciembre 1958: recuerdos de un caibarienense

Toma del Cuartel del ejército batistiano hoy escuela primaria Fructuoso Rodríguez

Se acercan los últimos días del año y los recuerdos atracan en nuestra mente como las embarcaciones en el puerto. Imagino que así le sucedió Emilio Comas Paret cuando escribió esta crónica que comparto, porque como es habitual este escritor coterráneo nos devuelve una vez más otro pasaje de la historia de Caibarién.

¿Cómo fue para mí el primero de enero de 1959?

Hace unos días un amigo periodista mandó un correo preguntándonos a un grupo de compañeros acerca de cómo recordábamos el primero de enero de 1959, y entonces le escribí esta crónica.

Resulta que el 25 de diciembre de 1958 se corrió la noticia en Caibarién que tropas del ejército rebelde estaban en las afueras del pueblo. Mucha gente salía a verlos, a pesar de que tenían que pasar por delante del cuartel del ejército batistiano.

El 26 a las cinco de la mañana comenzó el combate. En nuestra pequeña casa de madera, en el segundo cuarto, a papá se le ocurrió recostar un colchón a la pared, y detrás del mismo nos acurrucamos todos. El combate cesó a las cinco de la tarde. Entonces salí de casa y me encontré con mi vecina Merceditas quien me dijo que los rebeldes tenían su comandancia en Radio Caibarién. – ¡Voy para allá!, le dije. – Toma esto y póntelo, me dijo alargando un brazalete del 26 de julio que ella misma había confeccionado. Agarré la bicicleta y sin decir nada a la familia fui a Radio Caibarién y ya allí conocí que el jefe de las fuerzas que había tomado Caibarién era el capitán El Vaquerito, el jefe del pelotón suicida de la columna del Che.

En cuanto llegué me puse a su disposición y me dijo que lo viera al otro día a las ocho de la mañana. Fui y de buenas a primeras me convirtieron en mensajero entre la comandancia, el cuartel de la Marina de Guerra, el cuartel de la Guardia Rural, y luego, cuando trajeron para la playa de Caibarién a los prisioneros del tren blindado, me dieron la tarea junto a otros muchachos, que le hiciéramos mandados a los soldados prisioneros, consistentes en comprarles alimentos y agua. Entonces subíamos y bajábamos la empinada loma de la playa, comprando y llevando galletas, dulce guayaba, jamonada, queso, dulces, etc. que lo comprábamos en el kiosco de Tino, situado en la puerta del hospital ubicado al final de la carretera que enlaza la playa con el pueblo. Así estuvimos todo el día.

Al otro día conocí al Che, que estaba con Aleida tomando café en el Pull Man Liceo, la cafetería de frente al parque. Tenía un brazo enyesado, alguien me dijo que había sido en los combates de Placetas. Y creo que fue el veintinueve en que estuve presente cuando partía la caravana de combatientes con varios voluntarios de Caibarién a participar en la batalla de Santa Clara.

En esos días se vivía con cierta zozobra, pues se decía que habían mandado dos aviones a bombardear Caibarién, pero que habían dejado caer las bombas en el mar. Que igual orden recibió un barco patrullero de la Marina de Guerra que tampoco la cumplió.

El 30 matan al Vaquerito en la terminal de ferrocarril de Santa Clara, pero no lo supimos hasta unos días después.

El 31 despedimos el año con la angustia que produce la guerra y sus consecuencias, y la convicción de que ya nosotros, el pueblo, estábamos insertos en ella. El primero en la mañana saltó la noticia de que Batista se había ido, que Cantillo había hecho una componenda con Piedra, un viejo congresista, y que Fidel en Santiago había convocado a una huelga general en el país.

En la tarde se convocó a una manifestación que recorrió el pueblo juntando personas y se encaminó hasta el Ayuntamiento, donde Pipe, un conocido del barrio, que era militante del Partido Socialista Popular le habló a la multitud sobre la Revolución que se iniciaba.

Recuerdo que mientras caminábamos hacia el Ayuntamiento la gente coreaba: “unidad”, “unidad”, y yo no entendía el por qué. El día 12 de diciembre del 1958 acababa de cumplir los dieciséis años.

Estos son mis recuerdos más nítidos, quizás distorsionados por el tiempo, o dimensionados por mi conveniencia, por supuesto, que sin ser consciente de ello, pero son los que me vienen a la mente ahora mismo y ahí están.

Me atrevo – con respeto a Emilio Comas Paret – a asegurar que estos más que sus recuerdos son los de quienes como él tuvieron la oportunidad de vivir aquel diciembre de 1958. Son los recuerdos valiosos que conforman la historia de Caibarién y su pueblo.

26 de diciembre de 1958 después de la toma del Cuartel de la guardia batistiana
26 de diciembre de 1958 después de la toma del Cuartel de la guardia batistiana

Crónica publicada en la columna Natural de Caibarién de Emilio Comas Paret

Imágenes tomadas de antiguos archivos CMHS

Yudith Delgado

Yudith Delgado

Periodista, guionista y directora de programas radiales. Amante de mi familia y de Caibarién.

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