En nombre del Apóstol

En la lejana fecha del 7 de mayo de 1926, el pueblo de Caibarién amaneció en la intersección de las calles Cuba y Patria. Precisamente allí ocurriría el acontecimiento del año. Luego de múltiples esfuerzos, reclamaciones y créditos, por fin arribaba a la Villa, la pieza que coronaría al Paseo.

Ese fue sin dudas un Día de Fiesta Extraordinaria para los caibarienenses, porque luego de tres años de esfuerzos, el mármol italiano tomaba la figura del Héroe Nacional José Martí, nombre con el que se bautizó a la alameda.

Entre la multitud no sólo estaban los habitantes del poblado, de otros municipios aledaños también vinieron para contemplar la obra. Estudiantes, militares, funcionarios, hombres y mujeres se reunieron alrededor de la recién inaugurada plaza – 24 de febrero de 1926 – para ser testigos de uno de los acontecimientos que marcarían la historia de Caibarién.

Pero antes de ubicar la última de las piezas, muchas fueron las vicisitudes que acompañaron la edificación del Paseo. El lugar que hoy ocupa llevaba el nombre de calle Patria, una amplia avenida, dispuesta desde el primer trazado de la ciudad para que desempeñara la función de una calzada con árboles.

Desierta y sin pavimentar, la calle permanecía casi en el olvido, su principal uso consistía en brindarle alimento a los caballos que ahí pastaban o acortaba el paso a las carretas que transportaban mercancía hacia los muelles, hecho que aceleró su deterioro, sobre todo en tiempo de lluvias en donde se ahuecaban grandes zanjas.

Desde inicios del siglo XX, la construcción de la alameda fue tema de debate en muchos escenarios, y preocupó a varios funcionarios como al Concejal del Ayuntamiento Abelardo Brú, quien allanó el camino para la toma de las primeras medidas en cuanto a la regulación del trasiego de mercancías – no más de 90 arrobas- y el paso de medios de transporte – se prohíbe la circulación de carretas-.

Fue a fines de 1903 cuando el propio Abelardo Brú propone la cimentación de los pasacalles de Patria, la realización de dos canales de desagüe a ambos lados de la calle, así como la plantación de álamos  al centro, dejando dos sendas de circulación vehicular como mismo hoy están dispuestas.

Mucho tuvo que llover aún para dar concluido el Paseo. Quince años más tarde se colocaron doce columnas de hierro para el alumbrado y quince bancos. Y la historia recoge que en la noche del 22 de noviembre de 1922 los Concejales Cándido Magueira, Pedro Gómez Rodríguez, y Manuel M Parra proponen incluir  en el presupuesto del los próximos dos años, 2 mil pesos con el fin de esculpirle una estatua a José Martí. También en 1924 el Ayuntamiento solicita un crédito de 2 mil pesos más, para restaurar la iluminación y la pavimentación del lugar.


Así de poco en poco y con mucho esfuerzo se edificó el Paseo, una joya de la arquitectura local que recoge en sus 700 metros de longitud, muestras de varios estilos, porque la alameda no fue producto de una época sino de varias. Desde la calle 4 -Hipólito Escobar- a la  calle 18 -Luz Caballero-, el pueblo de Caibarién ha presenciado múltiples acontecimientos a lo largo de nueve décadas, pero sin dudas ninguna marcó tanto la historia de esta avenida, como la llegada de la estatua de José Martí al Paseo que hoy lleva su nombre.

Fuentes:

-Para la confección de este trabajo se consultó el libro “Apuntes Históricos de Caibarién”,  de José  A Martínez Fortún, además de la documentación presente en el museo municipal Maria Escobar Laredo de esta villa.

Texto: Lianet Santana Milián

Imágenes tomadas de archivos CMHS

Yudith Delgado

Yudith Delgado

Periodista, guionista y directora de programas radiales. Amante de mi familia y de Caibarién.

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