La necesidad de una madre

Muchos lo han intentado pero pocos han logrado describir qué se siente siendo una madre. La mayoría afirma que es una experiencia que sólo puede describirse luego de haberla vivido y aún así no alcanzan ni existen las palabras que den todos los matices capaces de llenar el corazón de quienes lo dan todo sin pedir gran cosa a cambio.

Sin ser categóricos quisiera compartir hoy algunas reflexiones que se acercan bastante a lo que significa esa mujer en vida de todos. Retazos de ideas de aquí y de allá, ejemplos vividos con un poco de opinión popular y también con el sentir de esas heroínas que van transformando su personalidad, sin darse cuenta, durante nueve meses:

Los médicos aseguran que a un niño se lleva dentro sólo durante el período de gestación, sin embargo no aclaran que una madre lo lleva en el corazón durante toda la vida. Que demora seis semanas volver a la normalidad después de dar a luz, pero para quienes han vivido esa experiencia la normalidad jamás existe.

Alguien dijo una vez que se aprende a ser madre por instinto, ese alguien nunca fue de compras con un niño de tres años. Los más conservadores destacan que de padres buenos hijos aún mejores, pero es que los hijos no vienen al mundo con marcas de calidad, ni instrucciones, ni garantías.

Para los que piensan que las buenas madres nunca gritan, ¿qué aconsejarían cuando ven a un hijo romper con una pelota la ventana del vecino? Algunas mujeres aluden que no se necesita una adecuada educación para ser madre, pero ¿cómo ayudar entonces con el problema de matemáticas de cuarto grado? Sin embargo otras apuestan por encontrar en un libro las respuestas a todas la preguntas, pero en ningún libro viene ¿cómo sacar un grano de frijol dentro de la nariz?

Todavía se cree que lo más difícil de ser madre es el trabajo de parto, pero qué se podría decir de dejar llorando a su niño en el primer día de escuela, o compartir con la hija adolescente ese secreto de la primera vez. Que por traer su semilla al mundo ya tienen capacidades para desempeñar cualquier labor hogareña con los ojos cerrados y una mano atada a la espalda, pero eso no garantiza el éxito de una fiesta de cumpleaños.

Dicen además que las madres no aman al cuarto descendiente como al primero, pero ese que lo afirma nunca tuvo cuatro descendientes. Que pueden dejar de preocuparse cuando sus retoños se casan, sin embargo las preocupaciones aumentan cuando se mudan de hogar. Que el trabajo de las madres termina cuando el último hijo se va, sin embargo comienza otra vez cuando aparecen los nietos.

En fin, ese ser todo poderoso y omnipotente que es una madre sabe que su hijo la ama, por lo que no hay necesidad de decírselo. Quienes así creen no saben que lo que más se necesita es la comprensión y el te quiero de un hijo.

Texto: Odalis López

Imágenes tomadas de Internet

 

Yudith Delgado

Yudith Delgado

Periodista, guionista y directora de programas radiales. Amante de mi familia y de Caibarién.

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